martes, 19 de febrero de 2013

El factor Eva Braun

EVA BRAUN ES uno de los personajes femeninos de la historia reciente que más fascinación continúa despertando, bien sea por el hecho de ser la compañera sentimental de Adolf Hitler durante más de doce años, bien porque su trágica muerte al lado del dictador introduce elementos más propios de la tragedia que de la realidad concreta, hasta cierto punto desconocida y, probablemente por ello, mitificada o incluso mistificada. La historiadora alemana Heike Görtemaker (1964) se especializó en el género de la biografía con la publicación de la semblanza de Margret Boveri, una periodista alemana de prestigio durante la Segunda Guerra Mundial. Su último trabajo se centra en el análisis del papel de Braun dentro del selectivo grupo que formaba la "corte" de Hitler. LA AMANTE FRÍVOLA. -Experta en figuras femeninas del siglo XX, ¿qué motivó su interés por Braun? -Lo que más me sorprendía es el hecho de que el nombre de Eva Braun estuviese tan presente en los canales mediáticos y que, después de 65 años, su existencia al lado de Hitler fuese objeto de la fantasía de la gente. -Pero existen innumerables películas, artículos, novelas, incluso obras de teatro sobre su vida… -Siempre se presenta la imagen de una figura trágica e incluso ridícula, que, como amante de Hitler, pasó su vida sentada en la residencia que tenían en los Alpes, el Berghof, esperando al Führer. Se dice que nunca tuvo una actitud política y que casi no se enteraba de todo lo que estaba pasando a su alrededor. -En ese sentido, las biografías sobre Eva Braun se centran en su "trágico destino de mujer". -Cierto, porque se considera la vida de Braun separada de las actividades políticas de Hitler. Mi objetivo era saber quién era realmente esa mujer, cuyo nombre está unido al de Hitler y un régimen, el nacionalsocialismo, que despreciaba a las personas. Al margen de todo tipo de leyendas y clichés, ¿qué se puede contar de manera precisa sobre ella y su relación con Hitler? ¿Qué papel jugaba realmente en el círculo íntimo del dictador? ¿Cuánta influencia tenía? ¿Estaba enterada del Holocausto? -Sin fuentes primarias resultará muy difícil encontrar respuestas. -Es muy difícil dar una opinión sobre la parte emocional de la relación entre Hitler y Eva Braun, o de intentar valorar qué sentían el uno por el otro. Y, cierto, no hay fuentes primarias, de hecho no se ha encontrado ni siquiera una sola carta escrita por Hitler a Braun. -¿Qué fuentes sustentan sus tesis? -Bueno, existen apuntes y declaraciones de terceros de después de la guerra que describen tanto la relación que tenían como cuál era el papel de Eva Braun en el entorno personal de Hitler: en el proceso de Núremberg (1945-46), en las declaraciones tomadas durante las vistas en las negociaciones de la cámara de Munich (1947-49), en la literatura aparecida a partir de mediados de los 50. Se han valorado y analizado todas las entrevistas y declaraciones de quienes integraban el círculo íntimo de Hitler. -Y, ¿qué conclusiones podemos inferir de estos testimonios? -En primer lugar, puedo asegurar que Eva Braun pasó de ser una jovencita insegura a convertirse en una mujer resuelta y caprichosa que, a la vez, era absolutamente leal a Hitler. Con los años fue ganando una posición cada vez más importante dentro del círculo de los confidentes de Hitler, y hacia 1935 puedo confirmar que su posición era ya inatacable. -Hasta el punto que quien quería acercarse al Führer lo intentaba a través de ella. -Aquellos que buscaban la cercanía de Hitler intentaban congraciarse con Braun, entre ellos el poderoso Joseph Goebbels y Albert Speer. Eva Braun, por su posición privilegiada en el Berghof, era odiada y temida por los demás íntimos de Hitler. AMORES QUE MATAN. -El hecho de ser historiadora y mujer, ¿ha condicionado de algún modo su voluntad de acercamiento y comprensión del personaje? -Creo que este libro no hubiera sido posible hace 30 o 40 años. En los últimos tiempos, sin embargo, la percepción de las mujeres ha cambiado. A finales de los años 60, cuando las investigaciones históricas se ocupaban de estudiar la estructura y fundamentos de la dictadura nacionalsocialista, se obviaba por completo a las mujeres. Se consideraba que en el Estado nacionalsocialista las mujeres no tenían ningún papel, ni político, ni militar, ni económico. Que no tenían ninguna influencia. Esta manera de pensar se aplicaba también a las mujeres de la elite del nacionalsocialismo, porque ni siquiera salen mencionadas en las biografías de los altos cargos. Eva Braun, al no estar casada con Hitler, tampoco debía aparecer en escena. Además, no era miembro del partido nazi, así que para las investigaciones históricas era una persona sin importancia. -Hay dos hechos que marcan su trayectoria: los intentos de suicidio de 1932 y 1935. -Sí, aunque el de 1935 no está nada claro. En cualquier caso, Braun intensificó su relación a partir de ese momento. Hitler veía a Eva Braun como una persona con una voluntad de sacrificio y consagración absoluta a la causa nazi. Esto también explica la fidelidad que le tiene hasta la muerte. Braun se convirtió de esta manera en el gran apoyo psicológico de Hitler, que era en realidad un dictador muy desconfiado y, por lo tanto, era ya incapaz de prescindir de ella. -Una mujer que para nada representaba el modelo de mujer que propugnaba el Reich. -En realidad nada tenía que ver la propaganda nazi sobre la mujer alemana y cómo realmente vivían las chicas y las mujeres en el III Reich. La vida de Eva Braun no encajaba con esa imagen estereotipada y propagandística. Lo mismo sucedía con el papel de la mayoría de las esposas de los jerarcas nazis como Magda Goebbels o Emmy Goering, que vivían con todo el lujo imaginable, viajando, llevando ropas caras e incluso trabajando de vez en cuando para los servicios del partido. OCULTA E IMPLICADA. -Y esa vida de grandes fastos superficiales, ¿la alejaba de la vida política? -Contrariamente a las declaraciones de Albert Speer al final de la guerra, Eva Braun no fue nunca un ser pasivo. El hecho de no estar casada con Hitler le impedía asistir a actos públicos, pero participaba en todo aquello que le era posible. Por ejemplo le dio a Heinrich Hoffmann (amigo y fotógrafo de Hitler) fotos privadas y películas de Hitler en el Berghof. En ellas Eva Braun mostraba un Hitler amante de los niños, preocupado por la familia. -¿Se las dio para fines propagandísticos? -Se las vendió y ganó una fortuna con ellas. Tal como confesó Heinrich Hoffmann una vez acabada la guerra, ella recibía por cada foto 20 mil reichsmark, que era cuatro veces el salario oficial de Braun. Eva Braun no era una simple parte del idilio en el Berghof, sino parte de la maquinaria de propaganda utilizada por Hitler. -Pero su actividad siempre estuvo, por el hecho de no haberse casado, en un discreto segundo plano. -Hitler se negaba a casarse… -¿Por qué? -A través de comentarios dichos por él, uno puede suponer que tenía miedo del poder de influencia y los derechos legales que podía tener una esposa. En cambio, como amante, Eva Braun estaba en una situación de dependencia y, como consecuencia, era mucho más controlable. -Desde la perspectiva del historiador, ¿qué sentido tiene preguntarse hasta qué punto Braun conocía las decisiones políticas que estaba tomando su amante? -Para mí esta pregunta tiene relevancia en el sentido de que todavía hoy no sabemos con precisión cómo funcionaban los procesos de decisiones informales entre Hitler y sus allegados íntimos. No hay casi anotaciones anteriores a 1945, e incluso los participantes que han sido interrogados después de la guerra llegan a negar todo tipo de complicidad con los delitos del nacionalsocialismo. Albert Speer intentó hacer creer que no sabía nada del Holocausto. La pregunta sobre la complicidad es a veces más difícil de responder de lo que parece. En ningún momento "todos" sabían sobre "todo" lo que pasaba. Dependiendo de la función individual de una persona determinada dentro del círculo de Hitler y de la confianza que hubiese depositado Hitler en ella, variaban sus conocimientos sobre los diferentes objetivos, ya fuesen políticos o militares. -¿Cree que ella, como el resto de mujeres de la "corte", podían desconocer todo lo que estaba pasando? -No. Y no es verdad que las mujeres del círculo íntimo de Hitler no tuvieran motivaciones políticas ni supiesen qué estaba pasando. De hecho, y tal como lo demuestran las actividades de Eva Braun, la vida privada de Hitler era inseparable de su vida política. Todos aquellos que formaban parte del círculo del Berghof, incluidas las mujeres, no fueron simples testigos sino convencidos. Se identificaban totalmente con la visión del mundo de Hitler, él era su héroe y lo admiraban por sus actos. -Hablamos entonces de una Eva Braun diferente. -Así es. No era un "personaje pasivo". Hitler contaba claramente con ella para las grandes decisiones. Por tanto, Eva Braun no era ninguna "sierva trágica", como afirmaba Albert Speer, sino que se había ganado su posición al lado de Hitler con todo su esfuerzo. -Con lo cual, su final es una consecuencia lógica. -Su muerte junto a Hitler no fue una casualidad del destino sino que estaba todo planeado ya desde hacía tiempo. Al final de la guerra, Eva Braun también apoyó a Hitler en su autoengaño y locura, creyendo que estaba rodeado de traidores. El comportamiento de Eva Braun revela un carácter de relevante dureza consciente, que contrasta con la imagen de superficialidad que se tiene de ella. Eva Braun no tenía por qué morir y, sin embargo, no concebía su vida sin Hitler. Había unido su existencia con él en los buenos y los malos momentos y así fue hasta el gran final, la muerte. Frivolidad D.S.B. LA HISTORIOGRAFÍA rigurosa había otorgado a Eva Braun un papel secundario, de simple complemento de la figura del líder del III Reich. En general, el acercamiento no dejaba de ser una estrategia para intentar entender mejor la complejidad de Adolfo Hitler. El tema a su vez cuenta con un hándicap irresoluble: la imposibilidad de acceder a la fuente primaria ni a documentos propios. Así, el uso de fuentes secundarias, cargadas de prejuicios y odios, o bien de venganzas irresueltas, llevan a un cenagal donde resulta imposible dar pasos sólidos y contrastables. El esfuerzo de Görtemaker se centra en comprender el papel de Braun dentro del pequeño círculo de fanáticos de Hitler, su "corte", como era conocida por ellos mismos. Se trata de un intento que tiene más de voluntarioso e incluso de sociológico (por su interés en la dinámica del grupo), que de científico e historiográfico (a pesar de la contextualización histórica constante). Sorprende cómo cierta crítica feminista ha celebrado la aparición del libro, ante lo cual cabe preguntar si la propuesta de Görtemaker ofrece alguna clave de interpretación rigurosa acerca del rol de la mujer alemana vinculada al poder del Reich o si se ocupa más de la intrahistoria personalizada, de la anécdota antropológica. Tiene, en realidad, mucho más de los segundo que de lo primero. Se tiende más a lo expresionista, a lo deductivo, que a lo contrastable y reflexivo. Lejos queda respecto a libros imprescindibles como Desde aquella oscuridad. Conversaciones con el verdugo: Franz Stangl, comandante de Treblinka (1974), donde su autora, Gitta Sereny, indaga sobre los límites de la condición humana más que sobre la "capacidad de conocimiento" que tanto aturde a Görtemaker. La preocupación de Sereny se vincula a la reflexión de Hannah Arendt sobre la banalización del mal (Eichmann en Jerusalén, 1963), un acercamiento riguroso, con uso consciente de su condición femenina para afrontar el reto -lo que conlleva alguna de las reflexiones más interesantes-, y todo ello a pesar de cierta censura recibida por su voluntad de intentar comprender a uno de los mayores verdugos, el responsable del campo de exterminio de Treblinka. Görtemaker elude, o demuestra desconocer, los mecanismos de perversión del sistema, para enzarzarse en una obsesión casi compulsiva, de vuelo gallináceo, sobre el grado de "conocimiento" de sus miembros. Lo más interesante del libro está en la descripción minuciosa de los movimientos de las mujeres en el entramado aristocrático del Berghof, entre las cuales asoma Eva Braun. Se descubre así un mundo tras bambalinas que horroriza por su frivolidad hueca de preocupación moral, social, política y vital. Mientras sus conciudadanos están en el frente o muriendo bajo las bombas aliadas, estas mujeres viven entre lujos, se pelean por el acceso a su disfrute, o viajan por la Europa devastada y en guerra para pasar unas incalificables vacaciones en Florencia. Provoca arcadas la descripción del accionar de unos seres insensibles, maquiavélicos, fanáticos, cómplices colaboracionistas de un régimen que destruyó todo lo que pudo y que -desde el punto de vista moral- hizo todo lo posible por autodestruirse en innumerables complots, venganzas, trampas, conjuras y delaciones que llevaban inexorablemente a la ejecución. Una obra que pierde la oportunidad de adentrarse en algo más que las bambalinas de lo eufemístico y lo fastuoso, que pierde la oportunidad de llevarnos a las lindes de la oscuridad ontológica y comprender mejor los mecanismos que llevan al horror, el Mal Radical.